IASEP 2026: Entre la desidia administrativa y el abandono deshumanizado al afiliado
La paciencia de los formoseños que dependen del IASEP se ha agotado. Lo que debería funcionar como un sistema de contención para los trabajadores estatales y sus familias se ha transformado en un verdadero calvario burocrático, diseñado para desgastar y frustrar. En lo que va del 2026, las denuncias se han multiplicado, dejando al descubierto una crisis de gestión profunda y un "hacerse los distraídos" que ya es política institucionalizada.
El panorama que describen los usuarios es desolador. Las filas comienzan en la madrugada, bajo el sol o el frío, solo para intentar conseguir un turno o una autorización que muchas veces es negada. La situación se agrava por un receso administrativo que se extendió de manera inexplicable hasta finales de febrero, frenando trámites críticos, provisiones de medicamentos y autorizaciones urgentes. Para peor, se ha reportado la eliminación de ventanillas exclusivas para personas con discapacidad, violando derechos básicos y sumando una barrera más para los sectores vulnerables.
La degradación del servicio no se detiene en los mostradores. Los afiliados denuncian una disminución constante de los profesionales (médicos y odontólogos) que aceptan trabajar con la obra social, lo que obliga a las familias a pagar cobros extras o coseguros exorbitantes para recibir atención. En el interior, localidades como Laguna Naineck sufren un descontento creciente por las constantes trabas administrativas y la falta de cobertura local, forzando a los vecinos a trasladarse kilómetros por una simple firma.
Sin embargo, el punto culminante de este maltrato es la deshumanización del personal de atención. La urgencia del paciente es recibida con una barrera de frialdad y maltrato. Un testimonio desgarrador expone esta realidad sin filtros: una mujer acudió a las oficinas para pedir la firma del alta médica de su marido, a quien recientemente le habían amputado una pierna. La respuesta que recibió del empleado fue tan absurda como cruel: el trámite debía ser realizado presencialmente por el paciente.
Frente a semejante barbaridad, surge la pregunta lógica y dolorosa: ¿Qué clase de sistema exige la presencia física de una persona a la que le acaban de amputar una extremidad? Es evidente que si va un familiar es porque el paciente no puede por problemas graves de salud. Esta situación ya no es solo burocracia; es una falta total de empatía y humanidad. ¿Cómo se llegó a este nivel de insensibilidad?
La indignación nos lleva a cuestionar la raíz del problema: ¿Está el personal de atención realmente preparado y capacitado para contener a personas que atraviesan situaciones de salud críticas, o simplemente están allí "puestos a dedo" como devolución de un favor político? Mientras la obra social sigue funcionando como una caja de empleo para la militancia en lugar de un centro de servicios profesionales, los formoseños pagan con su salud y su dignidad las consecuencias de un sistema que, hoy más que nunca, parece diseñado para ignorarlos y abandonarlos.